·        Ansiedad Generalizada.

 

         El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza por la presencia de ansiedad persistente y generalizada que no está ligada a estímulos concretos y que no surge por consecuencia de estímulos aversivos. Suele tener un cuadro crónico. Para que se diagnostique se debe cumplir:

         El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza por la presencia de ansiedad persistente y generalizada que no está ligada a estímulos concretos y que no surge por consecuencia de estímulos aversivos. Suele tener un cuadro crónico. Para que se diagnostique se debe cumplir:

1.     Presencia de ansiedad excesiva y preocupación casi continúa respecto a un número variado de eventos y actividades. Esto debe de haber durado al menos seis meses.

2.     El sujeto no puede controlar esta preocupación, además, tampoco quiere controlarla, la preocupación se mantiene porque el sujeto piensa que así evita el evento traumático.

3.     El foco de la preocupación no se refiere a otro trastorno activo.

4.     La ansiedad y la preocupación causan malestar e interfieren en el funcionamiento del individuo.

5.     La alteración no se debe a otros trastornos.

 

       Añadir, también, que no todos los sujetos que tienen ansiedad generalizada tienen el mismo cuadro. Deben darse al menos seis de los síntomas siguientes a menudo se hallan presentes cuando se está ansioso. Estos síntomas tampoco se deben a algún estado médico, tal como hipertiroidismo o intoxicación con cafeína:

 

         Tensión motriz:

§      Estremecimiento, crispamiento espasmódico o sensación de agitación.

§      Tensión, dolores o molestias musculares.

§      Desasosiego.

§      Fatiga fácil.

 

            Hiperactividad autonómica:

§      Respiración dificultosa o sensaciones de ahogo.

§      Palpitaciones o latido acelerado del corazón (taquicardia).

§      Transpiración o frío, manos húmedas y frías.

§      Boca seca.

§      Vértigo o mareo.

§      Náusea, diarrea u otro trastorno abdominal.

§      Acaloramiento (accesos de calor) o escalofríos.

§      Orinar con frecuencia

§      Dificultades para trabajar o “nudo en la garganta”.

  

            Vigilancia y exploración:

§      Sensación de agitación o impaciencia.

§      Respuesta de alarma exagerada.

§      Dificultad para concentrarse o “mente en blanco” debida a la ansiedad.

§      Dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormido.

§      Irritabilidad.

 

 

 

 

 

·        Angustia.

Durante las crisis de angustia se da la aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada por cuatro o más de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros diez minutos:

Durante las crisis de angustia se da la aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada por cuatro o más de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros diez minutos:

1. palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.

2. sudoración.

3. temblores o sacudidas.

4. sensación de ahogo o falta de aliento.

5. sensación de atragantarse.

6. opresión o malestar torácico.

7. náuseas o molestias abdominales.

8. inestabilidad, mareo o desmayo.

9. desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo).

10. Miedo a perder el control o volverse loco.

11. Miedo a morir.

12. Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo).

13. Escalofríos o sofocaciones.

 

1. Trastorno de angustia sin agorafobia:

                   Debe cumplirse que haya crisis de angustia inesperadas recidivantes y al menos una de las crisis se ha seguido durante un mes o más, y también se da uno o más de los siguientes síntomas:

a.     Inquietud persistente ante la posibilidad de tener más crisis.

b.     Preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por ejemplo, perder el control, sufrir un infarto de miocardio, “volverse loco”.

c.     Cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis.

 

2. Trastorno de angustia con agorafobia:

                   Se dan crisis de angustia junto a agorafobia. Las personas con trastorno de angustia  a menudo desarrollan agorafobia, que es la tendencia a evitar lugares o situaciones donde la huida podría resultar difícil o vergonzosa, o donde no podrían obtener ayuda en caso de una crisis de angustia.

Además debe cumplirse que haya crisis de angustia inesperadas recidivantes y al menos una de las crisis se ha seguido durante un mes o más, y también se da uno o más de los siguientes síntomas:

d.     Inquietud persistente ante la posibilidad de tener más crisis.

e.     Preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por ejemplo, perder el control, sufrir un infarto de miocardio, “volverse loco”.

f.       Cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis.

 

 

·        Agorafobia.

La agorafobia es la aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil o embarazoso, o donde en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperada puede no disponerse de ayuda.

La agorafobia es la aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil o embarazoso, o donde en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperada puede no disponerse de ayuda.

Los temores agora fóbicos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características, entre las que se incluyen estar solo fuera de casa, mezclarse con la gente o hacer cola, pasar por un puente, los grandes almacenes y los medios de transporte (metro, autobús, tren o automóvil).

Se evitan estas situaciones, se resisten a costa de una gran ansiedad y malestar temiendo que aparezca una crisis de angustia o síntomas similares, o se hace necesaria la presencia de un conocido para soportarlas.

 

·        Fobia específica.

El temor es persistente, excesivo e irracional, y está desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación concretos (ascensores, alturas, visión de sangre, arañas,…etc.).

            El temor es persistente, excesivo e irracional, y está desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación concretos (ascensores, alturas, visión de sangre, arañas,…etc.).

            La presencia del estímulo fóbico provoca casi siempre una respuesta inmediata de ansiedad. En los/as niños/as la ansiedad puede traducirse en llanto, berrinches, inhibición o abrazos.

            La persona reconoce que este miedo es excesivo e irracional. En los/as niños/as este reconocimiento puede faltar.

            La situación fóbica se evita o se soporta a costa de una intensa ansiedad o un gran malestar.

            Los comportamientos de evitación, la ansiedad anticipatoria, o el malestar provocados por la situación temida interfieren acusadamente con la rutina normal de la persona, con las relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien provocan un malestar clínicamente significativo.

            Las fobias específicas son comunes y normalmente no generan problemas importantes en la vida, pues simplemente se evita el objeto o situación temidos. Una fobia específica se convierte en un problema sólo cuando el objeto o situación temidos no pueden ser evitados fácilmente o cuando resultan importantes para el trabajo o la vida personal de uno/a.

 

 

·        Fobia Social.

El temor acusado y persistente está provocado por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que el individuo se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás. En estas situaciones la persona teme actuar de un modo (o mostrar síntomas de ansiedad) que sea humillante o embarazosos.

El temor acusado y persistente está provocado por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que el individuo se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás. En estas situaciones la persona teme actuar de un modo (o mostrar síntomas de ansiedad) que sea humillante o embarazosos.

La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi siempre una respuesta inmediata de ansiedad. En los/as niños/as la ansiedad puede traducirse en llantos, berrinches, inhibición o retraimiento en situaciones sociales donde los asistentes no pertenecen al marco familiar.

El individuo adulto reconoce que este temor es excesivo o irracional, en los/as niños/as puede faltar este reconocimiento.

Se evitan las situaciones sociales o actuaciones en público o bien se experimenta una gran ansiedad y malestar.

Los comportamientos de evitación, la ansiedad anticipatoria, o el malestar que aparece en la situación social o actuación en público temida, interfieren acusadamente con la rutina normal del individuo, con sus relaciones laborales y/o académicas y/o sociales, o bien producen un malestar clínicamente significativo.

A algunas personas el solo hecho de pensar en situaciones temidas puede provocarles una ansiedad seria e incluso ataques de angustia.

Las formas suaves de fobia social son muy comunes. El miedo a hablar en público, a veces mencionado como “miedo al escenario” por los actores y músicos, probablemente es la fobia social más común. Otras formas comunes incluyen la dificultad para utilizar los cuartos de baño públicos, el miedo a escribir el nombre de uno o firmar en presencia de otros, la dificultad para comer o beber en público y el temor a ruborizare.       

 

·        Obsesivo-compulsivo.

Una obsesión es una idea, pensamiento, imagen o impulso persistente, que es inconsciente o repulsivo y se inmiscuye en la conciencia de una persona. Las obsesiones comunes involucran pensamientos de hacer daño a los demás, violar normas sociales tales como maldecir o exhibir un comportamiento sexual inaceptable, provocar contaminación o infección en uno mismo y en los demás, y dudar acerca de haber realizado alguna acción (cuando normalmente no tenemos problemas de memoria).

Una obsesión es una idea, pensamiento, imagen o impulso persistente, que es inconsciente o repulsivo y se inmiscuye en la conciencia de una persona. Las obsesiones comunes involucran pensamientos de hacer daño a los demás, violar normas sociales tales como maldecir o exhibir un comportamiento sexual inaceptable, provocar contaminación o infección en uno mismo y en los demás, y dudar acerca de haber realizado alguna acción (cuando normalmente no tenemos problemas de memoria).

Una compulsión es una acción repetida de un modo ritual. La acción puede realizarse con el intento de provocar o evitar algún acontecimiento o situación futuros, aun cuando la compulsión no tenga presencia real en el acontecimiento o situación que está dirigida a producir. Las compulsiones también pueden ser actividades normales, racionales, ejecutadas de una manera claramente excesiva. En general, las compulsiones se llevan a cabo en respuesta a una obsesión.

Las obsesiones y compulsiones suaves son comunes y sólo se las considera un problema cuando interfieren en las actividades normales, provocan angustia mental o emocional, o cuando una persona carece de control sobre ellas.

Los tipos más comunes de trastornos obsesivos compulsivos son:

1.     Lavadores/limpiadores: Tienen obsesiones relacionadas con la contaminación a través de objetos o situaciones, p. e.: secreciones corporales, gérmenes, enfermedad o productos químicos. Crearan rituales como: lavarse las manos excesivamente, tomar duchas prolongadas, limpiar la casa durante horas,…etc.

2.     Verificadores: Personas que inspeccionan de manera excesiva para evitar que ocurra una determinada “catástrofe”. Las preocupaciones más comunes son: Inspeccionar aparatos eléctricos para prevenir incendios, verificar que puertas y ventanas están bien cerradas para prevenir robos, repasar el trabajo realizado para eludir errores. Inspeccionarán el objeto, luego dudarán de haber hecho la verificación de forma adecuada, para volver a repetir lo comprobación.

3.     Repetidores: Son individuos que se empeñan en la ejecución de acciones repetitivas. Toda vez que acude a su mente un pensamiento alarmante se ven obligados a repetir una acción. Se proponen evitar o neutralizar posibles catástrofes. A diferencia de los “verificadores” no pueden identificar una conexión lógica entre obsesión y compulsión. Por ejemplo; con cualidad mágica: vestirse y desvestirse repetidamente hasta que desaparezca la imagen de un pariente que va a morir.

4.     Ordenadores: Personas que exigen que las cosas que les rodean estén dispuestas de acuerdo a determinadas pautas rígidas. Los “ordenadores” no temen desastres inminentes; se entregan al ritual debido a una sensación general de incomodidad que surge cuando las cosas no se presentan a la “perfección”.

5.     Acumuladores: Coleccionan objetos insignificantes, de los que no pueden desprenderse.

En algún momento del curso del trastorno la persona ha reconocido estas obsesiones o compulsiones como excesivas o irracionales.

Las obsesiones o compulsiones provocan un malestar clínico significativo, representan una pérdida de tiempo (suponen más de una hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laborales (o académicas) o su vida laboral.

 

·        Estrés postraumático.

El trastorno por estrés postraumático es el estrés que resulta de un acontecimiento traumático tal como violación, agresión, desastre natural, cirugía mayor, servicio en combate en tiempos de guerra, sufrir u observar un accidente grave. Una persona con trastorno por estrés postraumático puede experimentar imágenes recurrentes del acontecimiento traumático, una sensación de que el acontecimiento traumático está sucediendo en el presente, sueños con el trauma inquietante y recurrente, o intenso malestar físico cuando es expuesta a acontecimientos que simbolizan o presentan semejanza con un aspecto del acontecimiento traumático.

            El trastorno por estrés postraumático es el estrés que resulta de un acontecimiento traumático tal como violación, agresión, desastre natural, cirugía mayor, servicio en combate en tiempos de guerra, sufrir u observar un accidente grave.

            Una persona con trastorno por estrés postraumático puede experimentar imágenes recurrentes del acontecimiento traumático, una sensación de que el acontecimiento traumático está sucediendo en el presente, sueños con el trauma inquietante y recurrente, o intenso malestar físico cuando es expuesta a acontecimientos que simbolizan o presentan semejanza con un aspecto del acontecimiento traumático. Una persona con trastorno por estrés postraumático puede evitar lugares o cosas asociadas con el trauma, o experimentar un aturdimiento general. Este aturdimiento puede ir desde evitar pensamientos o sensaciones asociados con el trauma, hasta una sensación general de separación o alejamiento de los demás. También estarán presentes por lo menos dos de los tipos siguientes de reacción corporal:

·      Dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormido.

·      Irritabilidad o estallidos de ira.

·      Dificultad para concentrarse.

·      Hipervigilancia.

·      Respuesta de alarma exagerada.

·      Una reacción física excesiva cuando se está expuesto a acontecimientos que simbolizan o se asemejan a un aspecto del acontecimiento traumático.

             

 

·      Estrés agudo.

La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que ha experimentado, presenciado o le han explicado uno o más acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás, y por ello ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos.

            La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que ha experimentado, presenciado o le han explicado uno o más acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás, y por ello ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos.

            Durante o después del acontecimiento traumático, el individuo presenta tres o más de los siguientes síntomas disociativos:

·      Sensación subjetiva de embotamiento, desapego o ausencia de reactividad emocional.

·      Reducción del conocimiento de su entorno.

·      Desrealización.

·      Despersonalización.

·      Amnesia disociativa.

            El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente en al menos una de estas formas: imágenes, pensamientos, sueños, ilusiones, episodios de flashbacks recurrentes o sensación de estar reviviendo la experiencia, y malestar al exponerse a objetos o situaciones que recuerdan el acontecimiento traumático.

            Hay una evitación de estímulos que recuerdan el trauma, como pueden ser pensamientos, sentimientos, conversaciones, actividades, lugares o personas.

            Se producen síntomas acusados de ansiedad o aumento de la activación o arousal.

            Estas alteraciones provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo, o interfieren de forma notable con su capacidad para llevar a cabo tareas indispensables.

            Estas alteraciones duran un mínimo de 2 días y un máximo de 4 semanas, y aparecen en el primer mes que sigue al acontecimiento traumático.